Sobre fracasos escolares y otras curiosidades de diciembre

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Hace casi 20 años inicié mi trabajo como docente, aunque durante gran parte de este tiempo he permanecido estudiando.

Por observación directa, he notado que en Panamá el mes de noviembre es un mes de una alegría inaudita, debido a las celebraciones propias del mes de la patria. No obstante, cual ciclo lunar, la alegría que nuestros estudiantes experimentan en noviembre se transforma, por arte de magia, en la tristeza de diciembre, aunque es el mes que contempla una amplia cantidad de fiestas como Día de la Madre, Navidad y Año, Nuevo…; además de ello, están las fiestas de las graduaciones en las escuelas, pues el año escolar termina en esta fecha.

¿A qué se debe, entonces, la tristeza, si con excepción de la recordación del 20 de diciembre, todas las fechas encierran algún toque de alegría? Simplemente, un grupo nutrido de estudiantes panameños, se percata que no han aprobado sus asignaturas.

Su reprobación, entonces, es sinónimo de fracaso: en la escuela, en su comunidad y, sobre todo, en su casa. Las siete plagas de Egipto les caen encima; aunque el resto del componente estructural de nuestro sistema educativo se lava las manos, construyendo una inmediata sociedad fracasada.

En casa, tenemos muchas circunstancias, desde quienes lo tienen todo –menos cariño y comprensión– donde los chicos viven en hogares microondas, con empleadas que les lavan la ropa, tutores que les explican las tareas, pizzas a domicilio a media tarde; pero por otro lado, tenemos al niño que cuando regresa a casa ni siquiera tiene qué comer.

La sociedad occidental desde siempre ha sido injusta. Si cometes un delito todo el peso de la ley recae sobre ti. Pero si eres una persona honorable, justa, recta nadie te manda ni siquiera un telegrama de felicitación. La sociedad margina al estudiante con fracasos.

Alguna vez, en una clase que me dictaba el Dr. Laurentino Gudiño Bazán, me tocó exponer sobre una obra titulada Carta a una maestra, cuya lectura completa debiera ser obligatoria para todos los docentes de Panamá. El libro simplemente es conmovedor, un clásico de la pedagogía. Escrito con descontento por ser producto de chicos que habían vivido en su propia carne la injusticia de una escuela clasista, que les dejaba fuera del sistema, sin darles siquiera el diploma básico obligatorio.

Paso a citar algunos comentarios sobre la obra, porque en verdad, jamás la he leído completa. Si los minutos que he utilizado en escribir este texto, cambian la forma de pensar de alguno de mis colegas, me daré por satisfecho:

“Finalmente "salvados" por la escuela de Barbiana, una aldea de las montañas próximas a Florencia, dirigida por un cura, Don Milani, que se hizo célebre en Italia por su tipo de enseñanza y formación, que no excluía a ningún muchacho, que sacaba lo mejor de ellos mismos y les hacia estar orgullosos de su cultura, frente a una escuela funcionarial, anquilosada, incapaz de enseñar, solo de reproducir, que crea seres individualistas, arribistas y desinteresados de la auténtica cultura, me conmocionó hace casi treinta años y también en este segunda lectura. Si bien el contexto social, político y económico actual en nuestro país no tiene nada que ver con lo que aquí se nos narra, por lo que quizá no es válido para la FAD, es un libro que deberían leer todos los maestros y profesores, como un modo de sacudirse tantas cosas que atan al pasado y que impiden progresar auténticamente. Un libro para los que aman enseñar, ya que, como estos chicos muy bien dicen con su estilo sencillo pero contundente, "el saber solo existe para darlo". (María de Válgoma)

“Tal como se resalta en la contraportada es una denuncia contra el fracaso escolar, es decir el fracaso de la escuela con la multitud de chicos que manda a la calle sin ni siquiera el diploma básico obligatorio; y lo que es peor, el fracaso de la escuela con los triunfadores, empollones que lo aprueban todo, pero salen mal educados. Individualistas, trepadores y distraídos con sus asignaturas, sin enterarse apenas de lo que dicen los periódicos ni para que lo dicen, ni de cómo son los contratos del paro y del trabajo.

Como ellos mismos dicen no se ha escrito para los profesores, sino para los padres. Es una invitación para que se organicen. “Los padres más pobres no se mueven”, “Si las cosas no marchan, será porque el niño no sirve para los estudios. Lo ha dicho el profesor” (Pág. 49). Pero a pesar de este intento recomendado a los padres, la carta ataca a la maestra (Sra. Spadolini) a la que a su vez tiende la mano, porque, si quiere será la mejor ayuda de los pobres.

El libro consta de tres partes:

- La primera referida a la escuela obligatoria (para niños de 6 a 14 años)

- La segunda referida al Instituto magistral (niños de 15 a 19 años)

- La tercera, en la que incluyen la documentación utilizada, tablas estadísticas otras a las mimas, para soportar el contenido de las dos primeras partes.” (http://educationhelp.blogspot.es/general.)

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