Las revistas y libros constituyen un recurso sumamente valioso que atrae la atención de los niños. Las imágenes unidas a los espacios de interacción con sus compañeros y docentes despiertan en el niño un interés genuino por desarrollar el acto de lectura. Un niño en el nivel de jardín se centra primero en lo visual, luego se interesan en las letras de su nombre, posteriormente en las letras de los nombres de sus compañeros; por lo tanto, la lectura manifiesta saberes que separados pierden significado.
Debemos evitar realizar preguntas literales a los niños, ejemplos: ¿cuántas letras tiene una palabra? ¿Qué letra es? ¿Qué palabra es más corta?, etc., ya que es una manera de fragmentar el aprendizaje, el niño no razona ante estas interrogantes, en su lugar preguntemos ¿Por qué?, orientándoles a resolver problemas.
La lectura es para disfrutar, profundizar en el saber, conocer opiniones, el docente debe cuestionarse sobre ¿Qué leer? y ¿Para qué leer?
Es importante elaborar una gama de situaciones pedagógicas que promueven los procesos de lectura, donde el niño empieza a involucrarse activamente con los textos. El docente es un mediador en el mundo mágico de la lectura a fin de profundizar en el maravilloso mundo del saber. Desarrollar gusto por la lectura, debe generar el deseo continuo de seguir leyendo.
Para ello, es importante realizar una minuciosa selección de textos de ficción, lo que implica tener una variada información, es necesario transmitir emoción a los niños a través de los contenidos utilizados.
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