
El ordenamiento de las partículas que forman un cuerpo se llama estado de agregación. Este depende de la cantidad de energía cinética de esas partículas (energía que poseen debido a su movimiento), así como de las fuerzas de atracción y de repulsión entre ellas.
Las fuerzas de atracción son aquellas con las que las partículas se atraen unas a otras y tienden a mantenerse unidas, sin formar enlaces químicos. Las fuerzas con las que las partículas se repelen unas a otras y tienden a alejarse entre sí se conocen como de repulsión.

En los sólidos, las fuerzas de atracción entre moléculas son mucho más potentes que entre las partículas de líquidos y de gases.

Los líquidos son mucho más densos que los gases. Esto quiere decir que en ellos las moléculas están más próximas entre sí. Según la teoría cinético-molecular, las partículas de un líquido se hallan en continuo movimiento y, al estar más próximas unas de otras, los choques entre moléculas son más frecuentes y la movilidad molecular es más restringida. Esta teoría establece que cuando un par de moléculas se encuentran demasiado cerca, se repelen, debido a que ambas poseen las mismas cargas externas. El equilibrio entre las fuerzas de repulsión y de atracción contribuye a mantener las moléculas en continuo movimiento.

El estado gaseoso se caracteriza porque las partículas que lo forman se encuentran aún más separadas entre sí que las partículas que forman los líquidos; por ello, la fuerza de atracción entre estas partículas es mínima, lo que permite su gran movimiento.
Para definir el estado de un gas se necesitan cuatro magnitudes: masa, presión, volumen y temperatura.
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