Hace mucho tiempo, el Señor del Cielo observó que los días y las noches eran iguales, y decidió crear una diferencia entre ambos.
Entonces, el Señor del Cielo creó una esfera de luz enorme para que diera alegría, luz y esperanza a las personas.
Y de esta forma, nació el Sol. El Día se sentía muy feliz. La gente se alegró y empezó a salir a hacer todas sus labores durante el día, a verlo todo con claridad e ir de un lugar a otro sin peligro de extraviarse.
A partir de entonces, la Noche se sintió triste por quedarse siempre a oscuras.
Pero sucedió que la Noche tenía un amigo llamado TiNu, que era un gigante bueno. Él se acercó y quiso consolarla.
Las manos del gigante TiNu eran muy grandes y fuertes. Con ellas, alcanzó el Sol y le robó un gran pedazo, que guardó en un saco. TiNu huyó corriendo y en su carrera se rompió el saco, que fue dejando caer por el cielo pequeños puntos de luz. Esos puntos de luz se convirtieron en las estrellas que embellecen el cielo de la Noche.
Y cuando TiNu llegó donde estaba su amiga la Noche, abrió el saco, pero ya no estaba el pedazo de Sol, sino una esfera plateada: ¡la Luna!
Así, la Noche nunca más estuvo sola y los seres humanos nunca se quedaron completamente a oscuras, gracias a las estrellas y la Luna.
Leyenda china
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