Danza de Diablos --- En Corpus
Filosofía del Concepto

Cuando los límites entre la realidad y los sueños se desdibujan, se disuelve el concepto. Es entonces cuando el objeto que nos distingue y nos alegra transforma el espacio en un sitio potencial para la creación, la confrontación con la realidad.
La danza al ejecutarse dentro de una coordinación establecida de la realidad, se ve abocada a que el espectador compare sus ejecutorias con la realidad que la sustenta y todo sucede porque el escenario teatral se vuelve parte, y no reflejo, de la vida.
Pero, ¿Por qué la danza?
La aceptación de los cánones religiosos y la transgresión de los límites de la percepción, concibió el argumento como un aporte al reconocimiento de un mundo que podía ser posible en sus aspectos materiales y espirituales.
Por ello, la valoración de estos dramas debe hacerse en virtud del desarrollo ulterior de la ciencia, de su capacidad de influencia en el comportamiento de las personas.
El argumento posee las características de esa larga tradición de la lucha siempre constante, nunca cambiante de las potencias celestiales y los demonios, el desarrollo de estos temas es la limitación de una ausencia, de un mundo que deliberadamente se sabe que no existe o que parece improbable.
Es un desafío que parece tan concluyente como carente de réplica.
En sus diálogos se proyecta la negación de la historia, por eso se recurre al texto y letra canónica. Ante la súplica y preocupación que no tolera un resquicio para el aburrimiento o la adversidad, el lamento poético y religioso del alma.
Es un acto donde la muerte ha sido desprovista de su carga simbólica y desestabilizadora, y que no aparece ni siquiera reducida a espectáculo.
La danza aparece siempre teñida de un humorismo que, pese a aparentar frivolidad, encubre una carga de amargura.
El Ángel es la expresión libertaria, protectora lingüísticamente hablando, mientras que el alma se adhiere, desesperado, a una actitud temerosa, irrisoria porque se pretende inocente, salvo, libre de mácula en medio de lo que resulta inevitablemente escatológico.
Al principio se pudiera pensar en un artilugio teatral, no es así; los hombres, desde siempre han tenido carencias, deficiencias, temores y angustias, razones más que suficientes para que, buscando un paliativo, han ideado, han construido ideas de mundos diferentes que tuviesen una apariencia divina, con los cuales tratan de curar sus males.
Porque en la vida todo es desafío, genealogías ilustres.
El Ángel con el poder derivado de un ser superior sirve con su actuar para justificar la debilidad humana, con el símbolo que blande da el anuncio, es un rito determinado y una forma de expresión alegórica del poder celestial.
El Demonio se tropieza con el alma e intenta tocarla y desde ese momento se inicia su arduo ascenso hacia la conciencia del hombre.
Sumergida en una especie de erotismo contemplativo, el alma se muestra temerosa, es su relación entre dos personajes que, en el fondo están incomunicados desde siempre y que una circunstancia imprevista intenta vincular.
Sin embargo es la unión que se afloja en la crueldad de la danza y que esquematiza la epopeya de una vida que intenta redimirse en el consuelo ó en la urgencia del perdón entre dos conciencias que representan la desolación de una circunstancia que sólo había pedido ser liberada interiormente aunque tuviese que bajar a las simas de la vergüenza y el repudio.
Esta actitud no sólo le corresponde al danzante asumirla, en tanto que representa una determinada clase social o de un pueblo, es también una función que debe asumir el colectivo.
Solo así es posible salvar las almas pecadoras de sus ahogos mortales.
Posible será entonces superar un pasado injusto, un presente abominable y un porvenir oscuro y es que el concepto es repetitivo tanto en el atrio como en plazas y casas.
En la danza como el hecho folklórico se halla en ella una filiación con aquella literatura utópica europea que tuvo ciudades simétricas de Thomas More, sus antecedentes ilustres, por supuesto también encontramos relación con las ideas de Leonardo da Vinci y su convicción de que el arte es una forma de ciencia y así lo plasmó en sus invenciones.
Quizás esto pueda ser una espléndida derivación fabulística, que trasciende la condición de relato y alcanza las cotas de la predicción indirecta y metafórica para predecir, juzgar y recomendar el comportamiento humano; definiendo las tendencias del funcionamiento social.
Es una manera de aproximación del hombre hacia lo sagrado, como forma de conocimiento y expresión de un culto a lo divino y todo esto se hace mediante una convocatoria de las fuerzas espirituales.
La confrontación de las fuerzas celestiales versus el representante de los infiernos muestra imágenes que resultan cómicas en su diálogo y alegóricas en su danzar, es una realidad latente patentizada en la temática, la capacidad para representar la condición humana es un factor determinante en el alma, la agudeza cognitiva y la imposición del mandato divino está representado en el Ángel.
En complemento de lo anterior tenemos las potencias malignas, que acreditan su pertinencia, con su valor estético y trasfondo literario pues sus composiciones en versos representan dosis de verdad que prodigan extrañas virtudes de significación indirecta de la utopía pesimista. Sus comentarios de la vida en comunidad hechos en forma de persuasión llevan un mensaje, sintiéndose autorizados, explican el por qué de las actitudes que no se corresponden con el ser humano y se le anticipa el destino. Sus movimientos que parecieran oscilaciones quizás indican el rumbo titubeante de una humanidad que ha perdido su capacidad para mirar su propio comportamiento. Esto representa la práctica de su ritual soberano y pasional en un mundo espiritual y cultural, es la herencia de las religiones y tradiciones de los pueblos que con su actuar le dan vigencia.
Y eso lo escuchamos cuando el Diablo Mayor con esa voz, cargada de un lirismo desnudo y seco actúa como un puñal de lenguaje poético que rompe el apasionado silencio del público espectador.
Realzando escandalosamente la voz, matiza con estruendo de pies y bastón la farsa guerrera, la lucha por posesionarse del alma.
¿Acaso porque el hombre se ha olvidado de Dios?
Su figura (la del alma), ha de transitar un itinerario de padecimientos en procura de la salvación.
Es una urgencia moral, la necesidad de asumir el arte literario como un compromiso ineludible con los traumas de la humanidad, y comprender el momento como el mejor espacio para decir la verdad.
Por momentos el danzar se impregna de un extraño erotismo que pellizca el lado fetichista del espectador con sus deseos, aspavientos, ansiedades, el cansancio, la sudoración y las inevitables poses de descanso… esto es lo duradero en el tiempo como si estos sentimientos formaran parte de una memoria genética que se transmite de generación en generación.
Siempre se destaca una comunicación igualmente profunda entre la naturaleza y las actividades de la vida diaria; sus frases, esquematizadas en versos van dirigidas a resaltar lo más significativo de la vida en comunidad que por momentos se convierten en el reflejo insistente de la vanidad.
Existe una amplia y diversa capacidad comunicativa y su penetración psicológica demuestra un profundo conocimiento de lo bueno y lo malo, desde una perspectiva moralista.
Para quien observa estas fases de la vida presentadas en forma de diálogo por primera vez, encuentra un lenguaje misterioso, cuyos poderes extraordinarios se reconocen desde los relatos míticos, llenos de una gran sensibilidad estética.
A todo lo anteriormente dicho hay que agregar los modismo locales, no es sólo la pronunciación, es la manera de organizar las frases, el énfasis, la forma de terminar las asonancias.
Las danzas por áreas geográficas, conservan el tono, el ritmo, las cadencias y la fraseología, para ello se han visto obligadas a apoyarse en localismos y en construcciones gramaticales impuestas por los propios protagonistas.
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