Escuchar Activamente a una Persona es una Habilidad Excepcional
La empatía nos permite poder escuchar y comprender a las personas; escuchar implica poner mucha atención, interés y motivación donde el receptor juega un rol pasivo. Escuchar va más allá, de las palabras es un proceso complejo que implica observar detalles, poner atención al lenguaje gestual, a las emociones propias del proceso de la comunicación.
La observación nos da una idea de la conducta no verbal de la persona y nos ayuda a comprender mejor la situación. Tomando la atención y observación como claves esenciales en el proceso de escuchar podemos brindarle respuestas adecuadas a la persona en cuestión.
Escuchar es abrir el corazón y la mente a la realidad que vive la persona que escuchamos.
Para escuchar debemos a veces suprimir el diálogo y se oidores, permitiendo a la persona que nos cuente sus problemas sin interrumpir. Al escuchar hay un silencio profundo en nuestro yo interior; dejamos atrás pensamientos, problemas, sentimientos, remordimientos.
Para desarrollar la habilidad de escuchar debemos utilizar el tiempo disponible mental en cosas más elementales que: pensar, preocuparnos, en prejuicios, en planes. Usar el tiempo libre mental sugiere observar el lenguaje gestual, elaborar el contenido de palabras, desarrollar la comprensión, entender las emociones y el significado que transmite.
Al escuchar debemos poner en práctica valores como el respeto, la tolerancia, etc. Cuando escuchamos realmente a alguien valoramos a esa persona, le demostramos que nos importa lo que nos dice y que deseamos ayudarle en su necesidad.
Al escuchar podemos percibir las verdaderas necesidades de la persona de manera globalizada e intervenir y ayudar, para ello podemos utilizar como referencia la pirámide de Maslow que es una pirámide que presenta las necesidades de nosotros en orden de prioridad; tal como sigue:
- La necesidad de seguridad.
- La necesidad de amor y pertenencia.
- Las necesidades fisiológicas.
- La necesidad de estima y reconocimiento.
- La necesidad de autorrealización.
El ser humano, de alguna u otra manera siempre tendrá una necesidad que cubrir, pues, siempre habrá vacíos que llenar para complementar nuestra autorrealización en todos los aspectos existentes. Por naturaleza el hombre siempre desea más de lo que posee y eso es bueno, pero la actitud para lograrlo, lo cambia todo.
Al intervenir debemos tomar en cuenta a la persona, más que al problema en sí; debemos reconocer y estimular a quien escuchamos manteniendo siempre el contacto visual de manera positiva y no negativa. Pues, hay miradas que salvan; pero, también las hay, que matan.
Quizá, sólo deberíamos emitir cortas palabras como: (ah, sí, no, ya, etc.) que son suficientes para establecer el diálogo en tal situación. Debemos ser respetuosos en los minutos de silencio que nuestro interlocutor muestre; ello demostrará nuestra actitud de empatía hacia la persona. Es necesario, que la persona se sienta en libertad y confianza al hablar; que pueda expresar lo que piensa y siente desde su punto de vista.
Se debe evitar emitir juicios contradictorios, prejuicios y darle a la persona el espacio que necesita evitando distraerse y escuchando atentamente atendiendo al lenguaje verbal y los gestos, poniendo especial cuidado a la parte emocional.
Escuchar, sana. Los amigos son un elemento esencial en el proceso de la escucha activa. La amistad fiel y verdadera es refrigerio al alma, sana nuestras heridas y dolencias. Las relaciones interpersonales son una poderosa herramienta en el proceso efectivo de la comunicación que nos permite abrir la puerta de la bondad, para ayudar a otros a sanar las heridas del alma.
En todo momento de nuestra vida necesitamos a alguien que nos escuche; alguien que nos dé alternativas ante la angustia de necesidades, problemas, enfermedades. Alguien que libere nuestra mente y nos permita experimentar una sanación interior positiva que comienza en nuestra mente. Nuestra parte espiritual es algo que necesita alimentarse de la presencia divina y de ángeles como los amigos o personas que en algún momento de nuestra vida estén ahí, sin imponer condición alguna.
Sin embargo, hay elementos que entorpecen la escucha activa, tales como: la ansiedad, la superficialidad, el juzgar al otro e imponer ideas, la impaciencia e impulsividad, dar la razón en todo al afectado de manera pasiva y dar sermones.