La eutanasia es un tema polémico donde intervienen un grupo de factores de índole religioso, moral, ético y del campo médico y legal.
Es legal en países como Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Colombia y Canadá y en cinco (5) Estados de Los Estados Unidos.
Colombia es el único país latinoamericano en donde la eutanasia es aprobada por la ley hace más de dos décadas, sin embargo, este derecho a una posible muerte digna solo era para los menores de edad, con el consentimiento familiar, esa realidad ha cambiado, pues desde el año 2015 este derecho se extiende a la población adulta.
En Bélgica se contempla un mes de plazo, entre la solicitud y la realización del proceso de eutanasia.
La eutanasia es solicitada por los pacientes, por lo general, en el caso de enfermedades terminales degenerativas, también por enfermedades de orden psíquico, en casos como éstos, el paciente anhela la muerte. La eutanasia se practica en niños y adultos de acuerdo a las leyes que rigen el país.
Este escenario no está bien visto, desde el punto de vista religioso, que sustenta que Dios es quien nos regala la vida y rechaza la postura de quitarse la misma, sin embargo, para una persona no va a hacer fácil sufrir diariamente las secuelas de una terrible enfermedad.
Eutanasia no es sinónimo de homicidio. Es un rompecabezas controversial de opiniones, lo que se deriva de este tema. Algunos la conocen como una muerte con dignidad, un derecho a renunciar a la vida, cuando ya no hay esperanzas y el sufrimiento va en ascendencia. Podemos emitir una y mil opiniones, pero, ponerse en los zapatos de la persona que sufre es otra historia que no podemos contar, pues los argumentos son válidos ante el sufrimiento.
Eutanasia es sinónimo de negarse a la vida, al sufrimiento, al deterioro, al dolor físico, ¿cómo obligar a alguien que sufre casi 24 horas, que no duerme, o todo lo contrario que quizá queda en estado vegetativo o que padece enfermedades caóticas a seguir soportando tal sufrimiento, si ya no quiere y no puede más.
Sin embargo, hay quienes luchan hasta el final, pese a cualquier discapacidad o enfermedad terminal, esto es cuestión de enfoque, prioridades y decisiones propias del ser humano que sufre inconsolablemente.
Cabe destacar que en algunos países se ha practicado lo que es el homicidio asistido, esto es algo contradictorio cuando se realiza bajo el consentimiento y ayuda de un médico, porque viola el código de vida de un profesional de la rama científica, pero a su vez existe una línea muy delgada entre lo que es moral y ético en medio de esta situación, porque debemos respetar la vida, pero de otra forma que hacer cuando la misma está al borde del abismo y solo quedan escenarios lúgubres a los pacientes. Es aquí donde se plantean dudas entre lo correcto y lo ético.
Un ejemplo: es el caso de un científico australiano de 104 años que decidió acabar con su vida en Suiza con la ayuda de un profesional de la medicina. En este caso el médico invierte el código ético que le rige en cuanto a preservar la vida, pues en un homicidio asistido, a pesar de la variable de sufrimiento que aqueja al paciente, cambia totalmente el panorama de la profesión científica que se le acredita. Este tipo de situación muchas veces trae prácticas ilegales y ocultas de eutanasia.
Reflexionar y considerar que una persona enferma tiene derecho a decidir su muerte, sentir empatía hacia las personas para comprender su situación y ¿cómo poder resolverla? Pero parece injusto penalizar a alguien que ayuda a una persona a dejar de sufrir cuando tal sufrimiento es insoportable.
En nuestro país, esto no está legalizado, los aspectos relacionados a esta situación se contemplan en la Ley 68 del 20 de noviembre de 2003, lo que regula los deberes y derechos del paciente e impide ejercer la práctica de la eutanasia.
La eutanasia tiene dos concepciones y la balanza entre lo que es ético y moral posee variabilidad, mientras unos la visualizan como un acto de compasión otros la ven como un acto criminal, esta última concepción hay que analizarla, pues los seres humanos poseen el derecho a vivir y poseer una calidad de vida que en estos casos se hace irrecuperable.