Actualmente nos enfrentamos a un flagelo que nos deteriora en todas las esferas sin distingo de raza, color, sexo ó condición social. Estamos hablando de la falta de práctica de los valores éticos y morales.
En el hogar es donde se debe inculcar la práctica de los valores, iniciando con el amor y el afecto de padres hacia sus hijos, como el respeto, la tolerancia entre los miembros de la pareja. La responsabilidad que tienen los padres para con sus hijos es elemental en la formación de la personalidad que va a demostrar en el futuro.
Por otra parte, la misión de la escuela como entidad formal en la educación constituye fortalecer aquellas conductas positivas que tienen los niños ó jóvenes y corregir aquellas que vayan en contra de su dignidad como persona.
El simple hecho de saludar cuando se llega a un lugar, respetar la vida propia como la de los demás, sensibilizarse con la necesidad que tienen las personas, como entender que pueden existir personas con formas de pensar diferentes a las nuestras y que podemos buscar puntos medios para fortalecer la convivencia armónica entre las partes, entonces podremos estar seguros que nuestras conductas favorecen la formación de una cultura de paz.
En esta ocasión nos referiremos al valor de la DIGNIDAD.
Dignidad :Se puede definir como: cualidad de digno. Gravedad y decoro de las personas en la forma de comportarse.
La dignidad más que un valor es una condición; una actitud hacia uno mismo y hacia los demás. Si valoras el respeto, la tolerancia, la justicia, la libertad, la solidaridad y se aplican a la vida cotidiana de una persona en todas sus acciones, el resultado será un individuo digno.
Quien tiene dignidad, se conoce a sí mismo, sus necesidades, sus capacidades, sus defectos y sus sentimientos. Así, será capaz de identificar lo que no puede cambiar y trabajar duro en lo que sí puede. La persona digna se valora y se siente bien con su manera de ser y de pensar. La dignidad y la autoestima siempre van de la mano.
Para ser dignos: Sabemos que somos merecedores de amor y respeto, reconocemos que importamos y que tenemos valor porque existimos. Podemos conducirnos a nosotros mismos y controlar lo que nos rodea eficientemente. Respetándonos reconocemos que tenemos algo valioso que dar a los demás.
¿Cómo podemos perder la dignidad?
- Sí creemos que estamos destinados a sufrir.
- Cuando sentimos que no merecemos amor ni ser felices.
- Teniendo miedo al éxito.
- Buscando que los demás aprueben siempre lo que hacemos.
- Sentir envidia ante la gente que triunfa.
- No confiar en nuestras propias ideas
- Admitiendo que equivocándonos, somos menos que los demás.
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