Relato de Los Animales.
Había una vez, en un lugar llamado San Francisco, una reunión de animalitos, los cuales se quejaban de todos los daños que el hombre les causaba.
Algunos muy tristes exponían sus quejas y otros aún compartían anécdotas con la esperanza de un futuro mejor e inician así su relato:
El talingo decía que él aún se siente en un lugar bastante tranquilo pero, que un día un hombre muy enojado engañó a sus hermanos poniendo unos granos envenenados en el patio y allí murieron muchos de ellos. Yo digo amigos míos: ¿acaso no tenemos que alimentarnos con lo que podemos encontrar?, ¿no tenemos también a nuestros hijos que darles alimento?, ¿Por qué son tan injustos? De allí en adelante cada vez que encuentro algo creo que será mi último día y lo como con mucho temor.
La tía Zorra por su parte dice: yo aún en San Francisco puedo de vez en cuando agarrar una gallina para mi cena especialmente en aquellas noches lluviosas.
El tío Armadillo dice: bueno, extraño el pasado, aunque aquí tengo un poco de paz, yo paseo tranquilamente en las tardes lluviosas, puedo ir hasta el gallinero y nadie me persigue, cuando salgo por las noches a pasear me encuentro con una linda perrita que no me causa daño, al contrario me empuja con su hocico como si yo fuera una pelota y me tira por el aire, gracias a mi caparazón la puedo entretener un rato y ambos nos divertimos mucho.
El tío Muleto enuncia que él se pasea por el patio de san Francisco y que un día de luna llegó a hasta la puerta de la casa de una señora y toco toc, toc, sale la señora y en vez de darme una carrera se ha quedado perpleja contemplándome lo cual me hizo sentir confiado y me alejé lentamente.
La tía Ardilla narra: una vez cuando mis hijitos estaban pequeños les estaba haciendo una casita ya que la que teníamos un travieso chiquillo nos la desbarató. Con mucho esfuerzo cargué las ramas y hojas y mis niños con sus alegres cantos me acompañaban. Al terminar llevé a mis niños en mi hocico y los acomodé dentro de la casita. Ellos muy inquietos y felices brincaban de la alegría, pero de repente un susto muy grande. Todos fuimos a dar abajo con toda y casa cayendo a la quebrada. Con mucho miedo de perder mis hijitos los agarré de inmediato y los subí al árbol. Muy asustados y sin casa caminamos lentamente para asegurarnos en alguna rama antes del anochecer.
El Puerco Espín para concluir dice: ven amigos míos no todos los humanos son malos. Cuando ando por San Francisco me divierto mucho asustando a los chicos y grandes los cuales huyen cuando me ven.
Autora Ada E. Quiroz V.
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Estudiantes Primaria Ciencias NaturalesGrado Escolar
- Tercer Grado