En los últimos años se constata un veloz cambio de los países en la jerarquía mundial basada en el nuevo paradigma tecnológico y una preocupación creciente sobre la capacidad para competir en
este proceso de transición hacia nuevas estructuras económicas basadas en el conocimiento y la
innovación. Lo fundamental en esta perspectiva es que los diferentes países se responsabilizan por
diseñar estrategias deliberadas que faciliten un cambio en el patrón de especialización del sector
productivo hacia sectores dinámicos en el mercado mundial y con mayor valor agregado. La
evidencia constata que los países que han cambiado su patrón de especialización han diseñado y
realizado movimientos estratégicos con base en estrategias definidas. No han dejado su aparato
productivo a la inercia, el azar o el ensayo y el error. Han tenido una posición activa que ha llevado a
los gobiernos a trazar una trayectoria definida.