La «nueva normalidad»

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En España, el gobierno ha calificado de «nueva normalidad» la realidad del país tras el plan de desescalada (disminuir) que ha hecho público. Ese es, de hecho, el nombre con el que el Ejecutivo ha bautizado la hoja de ruta que pondrá en marcha como: el «Plan para la Transición hacia una nueva normalidad». Un plan que el Gobierno ha anunciado ante los medios de comunicación sin haberlo sometido al control parlamentario (como sí ha ocurrido en Francia).  

Pero ¿qué es la «nueva normalidad»? La nueva normalidad se puede considerar un intento por ordenar una posible forma de habitar la vida en sociedad y para el filósofo Diego Singer1 se trata de una idea “muy sugestiva” porque “a pesar de su intención conservadora, pone en evidencia la capacidad de transformación que alberga toda comunidad”.  

¿Qué implica este concepto y qué alcances puede tener también para pensar la manera de vincularnos con el otro? 

Lo normal puede ser “lo que está de acuerdo con las normas aceptadas o legítimas” o “lo que se acostumbra” o “lo ya conocido”. Por esta variedad en los significados, referirse ahora en la pandemia a cómo se controla el comportamiento, la movilidad social de las personas y las restricciones a la economía. La normalidad previa a la pandemia de nuestros días asumía que un virus contagioso se combate con una medicina, y si esta no existe, lo aceptado es aislar a los virulentos en un lugar y modo que se evite la interacción con otras personas. Sin embargo, la normalidad no contenía una anticipación, un significado previo, acerca del cómo hacer y conseguir ese aislamiento en el caso de miles de enfermos simultáneos.  

Por ejemplo, aislar no incluía el significado, tal como si lo hay en otros países para el caso de ataque nuclear, de construir un bunker subterráneo en algún desierto o montaña alejada, que pudiera albergar a miles de enfermos entretanto se aliviaban o fallecían. El significado inventado de aislar fue “guárdese” el enfermo en su casa, en su cuarto y que nadie se le acerque hasta aliviarse. Mínimo catorce días. Y si esta agravado guárdese en el hospital. Además, guárdense todos para evitar que si un enfermo no contagie a quienes no se guardaron. Se inventaron “sana distancia”, “quédate en casa”, “distanciamiento social”. 

La pandemia del coronavirus cambió, para bien o para mal, la vida cotidiana para todo el planeta y Panamá no es la excepción. Tenemos que convivir a largo plazo con el virus, hasta tanto no se cuente con una vacuna y terapia eficaz. 

Panamá es un país con una economía de servicios y en este contexto debe priorizarse la “normalidad” mediante una estrategia gradual y cautelosa, vinculada a una eficaz protección de la salud, tratando de minimizar las consecuencias económicas y sociales más graves, sin que esto implique riesgos innecesarios y limitar las restricciones a los derechos humanos básicos. El Estado deberá promover una cultura de vigilancia para poder controlar los rebrotes del contagio y evitar el regreso a la cuarentena y confinamiento total, porque mientras haya una persona contagiada persiste el peligro. 

Significa que la vuelta a una relativa “normalidad” es convivir con la Covid por tiempo indefinido. Será una “normalidad” confinada a largo plazo y con considerables esfuerzos y costos económicos (empleos perdidos, empresas cerradas) siendo necesario que los negocios y empresas deban reinventarse para sobrevivir. Individualmente, entre la inseguridad y el miedo, tendremos que replantearnos valores y adecuarnos a los cambios extremos en nuestra vida cotidiana, acatando estrictas medidas sanitarias, como el distanciamiento social y uso obligatorio de mascarillas. 


abc.es 

Infobae.com 

Milenio.com 

prensa.com/impresa 

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Educa Panamá

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La «nueva normalidad»
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Lo normal puede ser “lo que está de acuerdo con las normas aceptadas o legítimas” o “lo que se acostumbra” o “lo ya conocido”. Por esta variedad en los significados, referirse ahora en la pandemia a cómo se controla el comportamiento, la movilidad social de las personas y las restricciones a la economía. La normalidad previa a la pandemia de nuestros días asumía que un virus contagioso se combate con una medicina, y si esta no existe, lo aceptado es aislar a los virulentos en un lugar y modo que se evite la interacción con otras personas. Sin embargo, la normalidad no contenía una anticipación, un significado previo, acerca del cómo hacer y conseguir ese aislamiento en el caso de miles de enfermos simultáneos.  

Por ejemplo, aislar no incluía el significado, tal como si lo hay en otros países para el caso de ataque nuclear, de construir un bunker subterráneo en algún desierto o montaña alejada, que pudiera albergar a miles de enfermos entretanto se aliviaban o fallecían. El significado inventado de aislar fue “guárdese” el enfermo en su casa, en su cuarto y que nadie se le acerque hasta aliviarse. Mínimo catorce días. Y si esta agravado guárdese en el hospital. Además, guárdense todos para evitar que si un enfermo no contagie a quienes no se guardaron. Se inventaron “sana distancia”, “quédate en casa”, “distanciamiento social”. 

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Licenciada Ruth B. Díaz Castañeda
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