Las tecnologías que se entregan actualmente en América Latina tienen previsto un esquema pedagógico determinado para su uso, una temática circunscripta, un objetivo curricular acotado. Se entregan, por ejemplo, robots para aprender programación, software con programas de formación para aprender matemática o tabletas para nivel inicial. Los programas son concebidos como propuestas educativas más que como políticas públicas de tecnología. Así, el objetivo de los planes son los aprendizajes y, particularmente en el imaginario de la tecnología, se incluye con gran relevancia la formación de los jóvenes en competencias para el mundo del trabajo y la formación para toda la vida.
Esto, sin duda, está muy presente en documentos marco de la Agenda Educación 2030, donde se explicita que “Es urgente que los niños, jóvenes y adultos adquieran a lo largo de la vida las aptitudes y competencias flexibles necesarias para vivir y trabajar en un mundo más seguro, sostenible, interdependiente, basado en el conocimiento e impulsado por la tecnología”.