BILER BURSOB- EBO
Gebe negasailaunni Bab-Dummad we-
napnegse Biler degine, Bursob barmialid, adi
ega yar akwega, sapimar akuega, degine,
ibmar-durgan akwegar. A-ginde bela neg
bogidikid, bela neg-weligwaled. Sikwimarde
na e-wigoedgine negmar weligwar imaked.
Sapimar dummagan naed, bela sapimarde
aradikid. A-ginde dii-wied sated, mar gollo
maked, degine, mar ibyed satebalid.
Ibmar durgande, goe, usu, yannu
ichomakdidii-naed. We-ibmar durgande dule
ese achaed sated. Dad ibelerdi neg ouo-
maid. Burwa binnaa sapimargi gormaid,
digene, dutumargi binnaa gormaid Weyob
ichesuli birga mimai gudigusmalad, geb e-
mimmigan we-napnegse aidenonikidse.
Weyobi birga dikasurgus neg gusad.
BILER Y BURSOB
Dios envió a Olobilipileler al mundo con su
señora, le decían Biler por sobrenombre, y a
su esposa Bursob.
Dios los mandó para que les cuidarán su
huerto y sus siembras, también para atender
a los animales.
Existía en ese lugar un río caudaloso con
grandes extensiones de sembrados por las ri
beras de sus afluentes.
Ese río tenías varios nombres.
Olobiliagundiwala, Olosikirgundiwala, y a sus
afluentes eran:
Masiburgandiwala: abundancia de plátanos, guineos, etc.…
- Obaburgandiwala: abundancia de
- maíz
- Siabugandiwala: abundancia de
- cacao
- Mamaburgandiwala: abundancia de
- yuca
- Dargwagurgandiwala: abundancia de
- otoe
- Wagubburgandiwala: abundancia de
- ñame
- Gaiburgandiwala: abundancia de
- caña
- Asueburgandiwala: abundancia de
- aguacate
Olobilipileler recorría todo el huerto bus-
cando huellas de otras personas, pero sólo
encontraba la de los animales.
Caminaba por las orilla del río y veía a
través de las aguas claras toda clases de
peces.
Miraba hacia el cielo observaba el vuelo
de las aves. Allí se respiraba una atmósfera
de tranquilidad y paz.
No temían a los animales porque eran
mansos.
Dios se había encargado de propor-
cionarles todos los alimentos, así que no
tenían que preocuparse de eso.
No había relámpagos, ni lluvias, ni
truenos ni temblores.
Las aves alegraban el ambiente con sus melodiosos, cantos.
Los árboles eran frondosos; llenos de verd-
or. Abundaba toda clase de frutas y nadie
los maltrataba.
Los animales brincaban y saltaban sin ser
molestados los rayos del sol calentaban tibia-
mente la tierra, no hacia frío ni calor; el viento
soplaba suavemente.
La lluvia mecía de vez en cuando las flo-
res y los árboles frutales.
Así transcurría el tiempo para Olobilipileler
y su esposa.
Después llegó Uakwa, amigo de mago, y
su señora Oloweagdii, ellos habitaron las ri
beras del río Goskuna.
La llegada de esas personas no afectó
la vida en la tierra.
Todos vivían felices y dichosos se ayuda-
ban mutuamente en los trabajos difíciles.
Así pasaban los días y los meses,
después de muchos años nacieron los si-
guientes hijos de Olobililpileler: Inwe, Guchuka,
Dopeka, Gaana, Olokunaliler.
