El término “competencia” surgió inicialmente de la formación para el empleo a finales de los años 40, con los planteamientos de la “sociedad del conocimiento” se ha venido empleando con mayor fuerza en el ámbito educativo para todos los niveles de formación. Este nuevo enfoque sobre el papel de la formación ante la nueva “sociedad del conocimiento” constituye una oportunidad para revisar los distintos sistemas educativos y se considera como una finalidad fundamental de todo proceso de enseñanza–aprendizaje generar al estudiante los medios necesarios para que pueda llevar a cabo su búsqueda personal hacia el aprendizaje (De Miguel Díaz, 2005b). Su conceptualización e incorporación a los propósitos formativos, a la definición de perfiles profesionales y como recurso para la comparación y movilidad de los estudiantes en los sistemas educativos nacionales e internacionales se debe en gran medida a los aportes de organismos internacionales y la influencia de sus programas de cooperación en la formulación de políticas nacionales y globales (MEN, 2009). La sociedad en general marcha hacia una transformación de sus estructuras y funciones por efecto de estos procesos globales, de ahí que el dominio de nuevos medios, como las tecnologías de la información (TIC), constituyan uno de los principales objetivos en la formación de los universitarios.
Las competencias se vienen abordando en la educación y en el mundo organizacional desde diferentes enfoques: el conductismo, el funcionalismo, el constructivismo y el sistémico–complejo. Las competencias son un enfoque para la educación y no un modelo pedagógico, no pretenden ser una representación ideal de todo el proceso educativo, determinando cómo debe ser el tipo de persona a formar. Al contrario, las competencias son un enfoque porque sólo se focalizan en unos determinados aspectos conceptuales y metodológicos de la educación y la gestión del talento humano (Tobón, 2008)
El Ministerio de Educación - MEN, ha venido implementando una política de mejoramiento de la calidad educativa. Esta política pretende que todos los estudiantes, independientemente de su procedencia, situación social, económica o cultural, cuenten con oportunidades para adquirir conocimientos, desarrollar las competencias y valores necesarios para vivir, convivir, ser productivos y seguir aprendiendo a lo largo de la vida. El desarrollo de esta política se basa en la articulación de todos los niveles educativos alrededor del enfoque común de competencias.
El MEN parte de la idea de que el propósito de los procesos educativos en todo el sistema es el desarrollo de un conjunto de competencias, cuya complejidad y especialización crecen en la medida en que se alcanzan mayores niveles de educación. El desarrollo de las competencias básicas y ciudadanas (ver figura 1) está en el centro del quehacer educativo, desde la educación inicial hasta la superior, y constituye el núcleo común de los currículos en todos los niveles. Estas competencias son el fundamento sobre el cual se construyen los aprendizajes. Las competencias laborales generales se integran al currículo común desde la básica secundaria y las laborales específicas son propias de la media técnica, el nivel superior y la educación para el trabajo y el desarrollo humano (MEN, 2008).
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