África es un continente caracterizado por las escasas lluvias y, por consiguiente, por las constantes sequías. Las condiciones climáticas adversas han empeorado en los últimos años a raíz del cambio climático.
Las sequías han provocado un aumento de los incendios forestales y un incremento en la evaporación del agua de ríos y lagunas. Además, ha disminuido la producción de alimentos porque los campos de cultivo y de ganadería necesitan mucha agua para funcionar.

Aunque existen pozos de agua para abastecer a la población, es frecuente que se encuentren contaminados o lejos de los poblados más pobres. Durante décadas, los africanos han enfrentado problemas de salud relacionados con la escasez de agua potable: deshidratación, hambre y enfermedades causadas por la falta de higiene adecuada y por el consumo de agua contaminada. Para ayudar a resolver el problema, varias organizaciones humanitarias trabajan para desarrollar sistemas de reutilización del agua, así como mejorar los sistemas de almacenamiento y la gestión de los recursos hídricos en África. La necesidad de buscar agua para sobrevivir obliga a las personas a migrar, lo que genera luchas entre los pueblos en las llamadas “guerras del agua”.
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