Leer para aprender: El elefante curioso

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Hace mucho tiempo, los elefantes no tenían trompa. Solo tenían una nariz oscura y curva, del tamaño de una bota, que podían mover de un lado a otro, pero con la que no podían agarrar nada.

Un día, un pequeño elefante que era muy curioso y no paraba de hacer preguntas, les preguntó a sus padres: “Papás, ¿qué come el cocodrilo?”. Pero sus padres estaban cansados de tantas preguntas y no le contestaron.

Entonces, el elefantito fue donde el pájaro y le preguntó lo mismo, este le contestó que hallaría la respuesta a la orilla del gran río, entre los árboles. De camino, encontró a la serpiente boa y como nunca había visto un cocodrilo, le preguntó a la boa si había visto por estos lugares una cosa llamada cocodrilo. Y la boa le contestó: “¿Y qué quieres saber del cocodrilo?”. Y cuando elefantito le consultó si sabía qué comía el cocodrilo, la boa se desenroscó de la rama en donde estaba y, en vez de contestarle, le dio un empujón con la punta de su cola. Así que el elefantito siguió su camino.

Finalmente, en la orilla del río tropezó con un tronco caído, pero era en realidad... ¡un cocodrilo! El elefantito le preguntó con muy buenos modales: “Perdone usted, ¿ha visto por estos lugares una cosa llamada cocodrilo?”. Y el cocodrilo le dijo: “Yo soy el cocodrilo, ¿qué más quieres saber?”. El elefantito estaba feliz y le dijo con entusiasmo y muy buenos modales: “¿Podría decirme qué come usted?”.

El cocodrilo le respondió: “Acércate un poco más, pequeñuelo, y te lo diré al oído”.

El elefantito puso la cabeza junto a la boca colmilluda del cocodrilo y el cocodrilo lo agarró de la nariz y le dijo: “Creo que empezaré tragándome... ¡un elefante!”.

—¡Suélteme, que me lastima! —gritó el elefantito con la nariz tapada.

La boa lo escuchó y llegó a ayudarlo, le dijo: “Amiguito, si no tiras hacia atrás con todas tus fuerzas, esta bestia te llevará de un tirón”.

El elefantito empezó a tirar con toda su fuerza. Y la nariz se le empezó a alargar. El cocodrilo también tiraba. La boa se enroscó en una pata trasera del elefante y también tiró y, al fin, el cocodrilo soltó la nariz del elefante.

El elefantito agradeció a la boa y se asombró un poco al ver tan larga su nariz. La boa le dijo entonces: “¡Ya verás que te será útil!”.

El elefantito descubrió que su nueva nariz le servía para espantar moscas, agarrar manojos de hierbas, sorber mayor cantidad de agua y también derramarla sobre su cabeza.

Y regresó a su hogar balanceando su larga trompa de un lado a otro. Cuando llegó a su casa, todos se alegraron mucho, pero en seguida dijeron: “Mereces un castigo por irte tan lejos y por lo que has hecho con tu nariz”, pero el elefantito exclamó: “¡No!” y alargando la trompa empujó a varios de sus hermanos.

Después de unos días, los otros elefantes descubrieron que la trompa resultaba muy útil y, uno tras otro, marcharon hacia la orilla del río. Y, desde ese día, todos los elefantes tienen una trompa exactamente igual a la de aquel curioso elefantito.


Por Rudyard Kipling, británico (adaptación)

Imagen de portada: Mercedes Morán leyó “Cuentos de Cuna”.


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Ministerio de Educación / Dirección Nacional de Curriculo y Tecnología Educativa
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Un día, un pequeño elefante que era muy curioso y no paraba de hacer preguntas, les preguntó a sus padres: “Papás, ¿qué come el cocodrilo?”. Pero sus padres estaban cansados de tantas preguntas y no le contestaron.

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