Implicaciones de Evaluar y Calificar
Desde el primer mes de gestación, el bebé comienza a aprender; increíblemente el ser humano aprende toda la vida, hasta el final de sus días.
Para referirnos al tema en cuestión, es necesario que nosotros como docentes reinventemos nuestra profesión. Cada uno de nosotros necesita ser un poquito de arquitecto y tener habilidades de artista para moldear la vida de nuestros niños como pequeños edificios en construcción con bases firmes en los pilares de una buena educación; unido a la práctica continúa del ejercicio de valores éticos y morales para cumplir nuestra hermosa misión. ¿Cómo lo lograremos, Ahí está la cuestión?
Necesitamos poseer una gran vocación, teniendo como base el amor, manejarnos con gran sabiduría, paciencia, tolerancia y justicia dentro del campo de la educación. Poseer una gama de matices profesionales que nos permitan ejercer de la manera más óptima nuestra profesión.
Evaluar, promover y calificar en el aula implica un proceso multidimensional donde entran en juego una serie de aspectos del currículum educativo y sus elementos.
La evaluación es continúa desde el primer día de clases hasta el último, lo cual implica la utilización de parámetros cuantitativos y cualitativos integrados de tal manera que permitan lograr las competencias exigidas. La tarea de evaluar no es fácil, es compleja. Evaluar va más allá de un juicio de valor numérico. Se debe tomar en cuenta una serie de aspectos cualitativos que presenta el estudiante en el manejo de contenidos tomando como base las competencias en cuanto a su desempeño, motivación, ética, manejo teórico y práctico de la información que le llevará a resolver determinado problema o situación.
Hoy día el docente debe orientar sus actividades pedagógicas a fortalecer el conocimiento desde un punto de vista cualitativo, presentando escenarios de la enseñanza que despierten la creatividad del estudiante como: las mesas redondas, foros, exposiciones, proyectos , portafolios, ensayos cortos, manualidades, creación de historias , los programas educativos virtuales, carteles, Mapas conceptuales, trabajos colaborativos etc. y registrar ésta información utilizando instrumentos de evaluación cualitativa como los registros anecdóticos, diarios, observaciones, etc. Claro está que muchas de estas situaciones pedagógicas pueden ser evaluadas también mediante una escala numérica.
La evaluación por competencias está sujeta a indicadores que indica y describe cómo se logro el aprendizaje.
Estos indicadores son medidos de manera cuantitativa ya que buscan individuos que desarrollen su potencialidad en base a las competencias exigidas, mucho más allá de un nivel intelectual, se requiere la aplicación del saber a la realidad vivida.
La calificación, es sin lugar a dudas una evaluación cuantitativa que contempla preceptos numéricos para cuantificar los aprendizajes adquiridos, lo cual no es la mejor alternativa. A pesar de los grandes cambios educativos, los docentes seguimos calificando según estándares de valor numérico para establecer un perfil de inteligencia para el alumnado, nada más errado, si nuestros conocimientos sobre inteligencias múltiples no nos traicionan y nos recuerdan que tenemos habilidades, fortalezas y debilidades diferentes de acuerdo a nuestra herencia genética y a las capacidades físicas, cognitivas, emocionales y sociales.
Es nuestro deber dar paso a nuevas ideas que cambien el pensamiento, utilizando un poquito de conductismo en mínimas ocasiones, constructivismo cuando se requiera, conocer las bases del aprendizaje según la neurociencia y así, promover la adquisición de nuevas competencias para lograr que nuestros niños tengan la capacidad de trabajar en equipo, puedan resolver problemas e interactuar con su entorno exitosamente. Debemos educar para la vida.
Nuestros jóvenes pueden accesar al conocimiento teórico con sólo apretar un botón, ellos nacieron en la era tecnológica, no podemos cambiar e ignorar ese hecho; el giro inteligente que le demos a esta situación es crucial en la adquisición de nuevos aprendizajes para ellos y quizá tengamos una gran alternativa orientada a disminuir el alto índice de fracaso escolar en nuestro país; si unimos nuestros esfuerzos lograremos las expectativas deseadas en educación.
El cambio comienza en nuestras aulas y es nuestra responsabilidad aceptar el reto de prepararnos día a día, para ayudar a los estudiantes a redescubrir su potencial, venciendo las barreras que se presentan en el alumnado con una gama de dificultades de aprendizaje o con una discapacidad que no les permite adueñarse por completo del conocimiento o aquellos estudiantes que asimilan los contenidos fácilmente y necesitan más de lo que el sistema educativo les proporciona.
Es necesario, comprender y establecer las adecuaciones necesarias a la hora de evaluar, calificar y promocionar al estudiante a un grado posterior.
La promoción de nuestros estudiantes está muy ligada a la evaluación cuantitativa, es la realidad que vivimos en nuestro contexto nacional, necesitan obtener 3.0 como mínimo para poder llegar al otro nivel, lo cual muchos no logran y terminan frustrados alejándose del medio escolar.