Ustedes embellecen el alma de los atenienses
El gran magistrado Pericles, cuya personalidad dignificó a todo el siglo V antes de Cristo que se conoce, precisamente, como Siglo de Pericles, entendió cabalmente la misión del maestro como forjador de la personalidad y la conciencia de los pueblos.
En cierta ocasión, mandó reunir a todos los genios y artistas que habían contribuido a engrandecer a Atenas. Fueron llegando los arquitectos, ingenieros, escultores, los guerreros que defendieron la ciudad, los filósofos que propusieron nuevos sentidos a la vida....Todos estaban allí. Desde el severo matemático que apreciaba, en el número, el sentido helénico de la exactitud y armonía, hasta el astrónomo que se asomaba al universo para contemplar y estudiar la armonía de las estrellas.
Pero Pericles cayó en la cuenta de una ausencia notable. Faltaban los pedagogos, personas muy modestas que se encargaban de conducir a los niños en el camino de su aprendizaje.
¿Dónde están los pedagogos?
Preguntó Pericles. No los veo por ninguna parte. Vayan a buscarlos.
Cuando por fin llegaron los pedagogos, habló Pericles.
_Aquí se encontraban los que, con su esfuerzo y pericia, transforman, embellecen y protegen a la ciudad. Pero faltaban ustedes, que tienen la misión más importante y elevada de todas. La de transformar y embellecer el alma de los atenienses.